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26 Sep, 2026

Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado

«El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre,

me recibe a mí mismo» (Mt 18,5)


Este año la jornada anual busca interpelarnos colocando en el centro absoluto de la pastoral a la infancia desprotegida. La urgencia radica en que “incluso uno solo” de estos niños posee un valor infinito ante Dios. El dolor de un niño, una niña o un adolescente migrante no puede medirse en porcentajes o estadísticas, cada niño, niña o adolescente que camina solo o con su familia representa un valor supremo y sagrado.

VER Y ABRIR LOS OJOS.

La cruda realidad de los niños, niñas y adolescentes migrantes. Abriendo los ojos a la realidad mundial, constatamos que el número de menores que se ven forzados a huir de sus hogares debido a guerras, crisis climáticas, persecución y pobreza extrema continúa creciendo a un ritmo alarmante. Los niños y adolescentes representan el eslabón más frágil en las rutas migratorias. Cientos de menores pierden la vida en naufragios o desiertos, víctimas prioritarias de redes de trata humana, trabajo forzado y explotación sexual o padecen el desarraigo emocional forzados a dejar a sus familias, quedando expuestos a
un desamparo humano y jurídico absoluto, sin poder hacer valer su voz.

JUZGAR, MIRAR CON LOS OJOS DE DIOS.
La problemática bajo los criterios de la fe y la justicia humana. La Palabra de Dios es inapelable y decisiva en la defensa de la infancia y la hospitalidad. En el Evangelio de San Mateo, Jesús sacude la ambición de los adultos colocando a un niño en el centro y decretando: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo» (Mt 18,5). El juicio de Dios es severo frente a la desatención: «Cuiden de no despreciar a uno solo de estos pequeños» (Mt 18,10). El migrante menor no es un problema social; es un sacramento viviente de Cristo sufriente. En su Mensaje Oficial para esta 112.ª Jornada, el Papa León XIV ha alzado su voz para señalar que “el clamor de los niños desplazados se eleva hoy hasta Dios” y apela directamente a la conciencia de toda la humanidad. El Santo Padre nos llama a una responsabilidad compartida diciendo “Es necesario reconocer la dignidad del niño antes de considerar su condición de ‘migrante’, y a salvaguardar sus derechos fundamentales”.

También la Doctrina Social de la Iglesia nos enseña que las fronteras políticas no pueden anular el derecho natural a buscar una vida segura. El desarrollo integral exige que las comunidades de acogida promuevan cuatro verbos clave acuñados por el Magisterio: Acoger, proteger, promover e integrar, priorizando siempre el bien superior del menor por encima de cualquier
criterio de seguridad nacional. Desde una perspectiva del derecho internacional, los Estados están obligados por la Convención de los derechos del niño de la ONU a garantizar que todo menor, sin importar su estatus migratorio, acceda a la educación, salud, protección contra la violencia y el derecho a no ser separado de sus padres. La dignidad humana no depende de un pasaporte ni de una visa; el marco de la ONU ratifica civilmente lo que la Iglesia proclama por la fe: los niños deben ser protegidos incondicionalmente.

ACTUAR: EN LA CLAVE COMO FAMILIA CLARETIANA.

“La caridad de Cristo nos urge” 2Cor 5,14. Como herederos del carisma de San Antonio María Claret y fieles a su estilo de evangelizar por todos los medios posibles” queremos unir fuerzas como familia claretiana, para que nuestras comunidades y los
lugares donde estemos se conviertan en verdaderos refugios para “incluso uno solo de estos pequeños” con una pastoral de acogida integral: Habilitando un servicio básico de orientación jurídica comunitaria en las parroquias, trabajando en red con organizaciones aliadas, para acompañar la regularización de las familias y evitar que los niños queden en desamparo legal o sean separados de sus padres. Utilizando las redes sociales, los boletines de la comunidad y las homilías para visibilizar el Mensaje de la Jornada, desmontando discursos de odio o xenofobia que afecten a la infancia migrante.

Promoviendo encuentros entre los jóvenes de nuestros espacios claretianos y menores migrantes para compartir, escuchar sus historias de vida y sanar el aislamiento emocional a través de la amistad. También la Doctrina Social de la Iglesia nos enseña
que las fronteras políticas no pueden anular el derecho natural a buscar una vida segura. El desarrollo integral exige que las comunidades de acogida promuevan cuatro verbos clave acuñados por el magisterio: Acoger, proteger, promover e integrar, priorizando siempre el bien superior del menor por encima de cualquier criterio de seguridad nacional. Desde una perspectiva del derecho internacional, los Estados están obligados por la Convención de los derechos del niño de la ONU a garantizar que todo
menor, sin importar su estatus migratorio, acceda a la educación, salud, protección contra la violencia y el derecho a no ser separado de sus padres. La dignidad humana no depende de un pasaporte ni de una visa; el marco de la ONU ratifica civilmente lo que la Iglesia proclama por la fe: los niños deben ser protegidos incondicionalmente.

ORACIÓN COMUNITARIA.

Unidos en un solo corazón, elevemos nuestra oración a Dios Padre.

R/Señor de la vida, escucha el clamor de los más pequeños.
Por la Iglesia de Dios: Para que no sea un templo de puertas cerradas, sino un hogar capaz de acoger, proteger y abrazar a cada niño que golpea sus puertas buscando amparo. Oremos.
Por los gobernantes y organismos internacionales: Para que las legislaciones fronterizas y los pactos internacionales respeten la Convención de los Derechos del Niño, priorizando la vida y la unidad familiar sobre las dinámicas de rechazo. Oremos.
Por las familias migrantes: Para que, en medio de la fatiga, el peligro y la incertidumbre del camino, encuentren redes de amor y manos amigas que les devuelvan la esperanza. Oremos.
Por los menores no acompañados: Para que Dios los proteja de las redes de trata, del abuso y de la intemperie, y encuentren en su destino comunidades que los adopten con amor fraterno. Oremos
Por nuestra Familia Claretiana: Para que sintiéndonos en la fragua del amor materno de María nuestros corazones y comunidades puedan, acoger, proteger, promover e integrar “incluso uno solo” de los pequeños que caminan por las rutas del mundo. Oremos.

ORACIÓN FINAL.

Dios de la justicia y de la vida, hoy alzamos nuestra voz para exigir dignidad, respeto y protección para cada niño, niña y adolescente migrante. Ningún ser humano es ilegal a tus ojos, y ningún niño debería ver vulnerados sus derechos por el hecho de cruzar una frontera.
Te pedimos que despiertes las conciencias de los gobernantes y de quienes toman las decisiones políticas, para que legislen con compasión, prioricen el interés superior del menor y pongan la dignidad humana por encima de las leyes de inmigración. Restaura
su derecho a no ser separados de sus familias, a recibir educación, salud y a vivir libres de detenciones inhumanas.
Transforma la indiferencia de nuestras sociedades en un compromiso activo por la justicia. Que no seamos cómplices del silencio ni del rechazo, sino defensores de su voz. Danos la valentía para construir comunidades inclusivas que abran las puertas de la
hospitalidad y luchen contra la explotación, la trata y la discriminación. Protege sus vidas y acompáñalos en la construcción de un futuro donde la migración sea una opción libre y no una huida desesperada por la supervivencia.

Amén.

Para acceder a los materiales:

https://drive.google.com/drive/folders/1fz4iXbqzssiw-tMuw42kVzSpCgQG9Y6j?usp=sharing

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