Ante el avance de "liderazgos de muerte" es urgente recuperar la caridad política.
Nos encontramos ante un panorama mundial de cambios acelerados, que requiere análisis profundos, a la vez que propuestas alternativas y caminos de humanización, desarrollo integral y paz. La geopolítica muestra un mapa global diferente al de hace pocos años atrás. Hoy, el poder tiene el claro objetivo de pretender para sí mismo los recursos, la tecnología, la fuerza armada y el dominio de territorios estratégicos ante cualquier amenaza a sus desviados intereses.
Si nos adentramos en el tema de los diversos liderazgos de nuestros pueblos, constatamos que la mayoría están construidos por los mecanismos del poder hegemónico, con el fin de manipular, instalar ideas y comportamientos sumisos ante el sistema invasor. Esto repercute en la transformación de las culturas de los pueblos, como también en sus deterioradas políticas, rechazadas por una sociedad cansada de mentiras y corrupción.
Las consecuencias de esto son, por ejemplo, los gobiernos-potencias por su poderío militar, económico y tecnológico, últimamente más agresivos, violadores de derechos individuales e internacionales, autodefinidos como los jueces del mundo y tan perversos como las dictaduras de las décadas del 60 y 70 en América Latina. También los gobiernos caracterizados como narco-estados, en los cuales el tráfico ilegal de drogas con los delitos que lo acompañan -como la trata de personas y el tráfico de armas- se instalan imponiendo miedo y acumulando riqueza y poder. Hay otros gobiernos dictatoriales de capitalismo autoritario que se presentan con la propuesta de modernización eficiente y seguridad total, promovidos como ejemplo a seguir, pero que usan la represión y la cárcel, el control digital y el espionaje para instalarse en el poder sin fin, también violadores de derechos humanos, al ejercer la privación de la libertad y la tortura entre otras acciones inhumanas.
Tanto unos como otros crean un enemigo al que hay que derrotar a través de cualquier método. Esa batalla ficticia es promovida por los medios de comunicación que presentan solo dos bandos, quedando fuera toda alternativa al dualismo. El pensamiento creado lleva a optar por alguna de estas facciones sin posibilidad de discernir otros caminos de crecimiento como pueblo, con otros modos de liderazgo. Ante este panorama maniqueo, solo tienen cabida las posturas defensivas y cerradas, incapaces de diálogo y acuerdos. Esta bipolaridad en la política se aleja de las bases y favorece el conflicto y el consecuente desarrollo social.
La otra cara de esta realidad es la debilitación de la democracia real; el distanciamiento de la ciudadanía, particularmente de los jóvenes, de la política; la pobreza y exclusión; el vacío de participación y compromiso en la resistencia y construcción de nuevas políticas con caridad y justicia; el deterioro de una ética humanitaria, comunitaria y social quebrada por el vale todo y el individualismo.
Los sindicatos y organizaciones populares, los organismos internacionales de desarrollo, justicia y paz parecen haber perdido autoridad e influencia a través de su palabra y sus acciones ante tan desenfrenado poder disfrazado de progreso y orden mundial. Los liderazgos que emergen de estos poderes contagian intolerancia, justicia por mano propia, maltrato y exterminio de vidas como medios aceptables para fines egoístas; proponen la riqueza como propósito esencial y sentido de la existencia humana; promueven la explotación de la naturaleza con una postura negacionista del cambio climático y pérdida de la biodiversidad; postulan la propiedad privada como derecho supremo e intocable, aunque haya sido adquirido ilegalmente; justifican la militarización y la fuerza de la violencia como medios para la solución de conflictos.
Estamos inmersos en una época donde la fuerza y el control de los poderosos parece prevalecer sobre el derecho, tanto el que rige la vida interpersonal como global. Al decir de Rita Segato: Gaza revela el fin del derecho global, ahora rige el poder de muerte, es la nueva ley. Muchos de los presentes liderazgos se exhiben arrogantes e irrespetuosos del cuidado por la vida y sus derechos, sin vergüenza por decir una cosa y después lo opuesto, fundamentalistas en sus posturas, violentos y patriarcales, superiores e indispensables, sin cercanía y diálogo con el pueblo, ya que se muestran personajes intocables, defensores de lo indefendible, justificando sus propios comportamientos exaltados, impulsivos e iracundos, insensibles y rudos en el trato y la comunicación, tramposos y manipuladores, sin límites y capaces de la peor crueldad.
Cuando avanzan estos liderazgos y sus políticas no hay posibilidades de humanización y desarrollo; debemos recuperar espacios y estrategias de encuentro y formación de líderes con caridad política, con actitud de escucha y diálogo, donde se respete el derecho interpersonal, comunitario y global, con sinceridad y respeto por la diversidad, que hagan opción por los pobres y excluidos, con aprecio por la naturaleza, con una clara conciencia de soberanía económica y territorial, con una fuerte solidaridad con los países pobres y que sufren injusticias.
Mario Bússolo, CMF
Área de Justicia y Paz e Integridad de la Creación

